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La Relacion
Hombre-Medio-Tecnologia en la Frontera Norte | Los usos del medio
en la Frontera Sur de Mexico | Archivos
de Ecologica
Es lugar comun decir que la selva tropical no presenta un medio propicio para el sustento de grandes cantidades de población; que cualquier tecnología agrícola que en ella se aplique es, por necesidad, primitiva; que su uso agrícola sólo es posible con el sistema de tumba, roza y quema y que éste, con una densidad demográfica alta, forzosamente implica la destrucción de enormes cantidades de selva. Sin embargo, el éxito alcanzado por muchos agricultores tropicales de diversas partes del mundo, entre quienes destacan los mayas del Clásico en la época prehispánica, desmiente estos prejuicios. Lo que sucede es que el medio tropical lluvioso requiere técnicas de aprovechamiento diferentes a las aplicables a las tierras templadas del país, sobre las cuales se basó el desarrollo agrícola nacional a partir de la conquista española.
Por otra parte, poseer una amplia extensión de trópico humedo proporciona al país, en teoría, una ventaja comparativa en las condiciones actuales de globalización creciente de la economía, al poder aportar productos que no prosperan en las zonas templadas. Sólo que el manejo eficiente de ese ecosistema es muy complejo debido a su misma fragilidad; aprovecharlo productivamente requiere aplicar técnicas adecuadas y específicas para conservar su delicado equilibrio y, por lo tanto, su productividad.
Una razón más que obliga a enfocar la atención en las condiciones ecológicas de la frontera sur es que esta región enfrenta actualmente el gran reto de combinar la suficiente productividad para satisfacer las necesidades de una creciente densidad de población con el uso adecuado de los frágiles ecosistemas allí existentes, de tal manera que se garantice su sustentabilidad a largo plazo. A partir de 1950 el territorio de la frontera sur se utilizó como frontera agropecuaria del país, recibiendo en 40 años más de doscientos mil nuevos habitantes, a quienes se les prometió un futuro de bonanza si emigraban al trópico. El crecimiento natural de la población y las elevadas tasas de inmigración obligan a entender el ecosistema fronterizo no solamente formado por flora y fauna: el hombre es ahora parte sustancial de él y debe ser considerado en los planes de uso del suelo.
Los recursos naturales han sido la base de sustento de la población en la frontera sur; su aprovechamiento ha sido fundamentalmente agro-pecuario, forestal y piscícola. Sin embargo, el éxito alcanzado por las distintas sociedades que los han utilizado ha sido muy diverso; un uso inadecuado puede destruirlo en el plazo corto. Por el contrario, su uso racional, puede proporcionar altos rendimientos. La civilización maya logró durante seis siglos que este medio le permitiera no sólo autoabastecerse, sino producir mercancías para el intercambio con otras zonas y para el uso suntuario de los gobernantes. La obtención de ganancias no está, así, ineludiblemente reñida con la preservación del medio y sólo requiere alternativas tecnológicas que combinen ambas finalidades para utilizar eficientemente lo que aun queda de riqueza del ecosistema en la frontera sur.
Garantizar a la creciente población de esa región un medio de vida para el largo plazo, y la importancia que la zona tropical tendrá en el marco de las tendencias de internacionalización del capital, son motivos suficientes para poner atención en el uso de los recursos de la frontera sur.
COMO ES EL MEDIO
La selva tropical presenta características especiales, que la hacen muy diferente a los ecosistemas de tierras templadas y la convierten en un medio muy susceptible a alteraciones profundas cuando es usada por el hombre. En cualquier medio, cada una de las especies que lo componen presenta demandas diferentes de nutrición y humedad en lapsos también distintos. La combinación entre especies y su diseminación traen como fruto el equilibrio entre las diversas demandas e insumos que se intercambian. El uso agrícola y/o pecuario forzosamente simplifica el medio natural, al fomentar el desarrollo de una o pocas plantas o animales que se convierten en predominantes, desalentando el crecimiento de otras que tienen elementos químicos complementarios. Además, en los sistemas agrícolas se hace una remoción sistemática de muchas o de todas las plantas productoras del terreno donde crecieron, colocándolas en otro lugar, donde se les almacena y consume; de ahí que sólo una parte de los nutrientes producidos por ellas regresen a los suelos donde se criaron. Por lo anterior, en la mayoría de los casos de usos agropecuarios, conservar terrenos productivos y evitar la proliferación de plagas que afecten a los cultivos o el ganado, vuelve necesario usar fertilizantes que restauren los nutrientes de la tierra, herbicidas que permitan el control de las plantas competidoras, e insecticidas que eviten la proliferación de plagas que afectan específicamente a las especies vegetales o animales que se están fomentando.
En el ecosistema tropical la estabilidad depende de la alta diversidad de especies (su biodiversidad) que, asociadas entre sí, permiten conservar los nutrientes del suelo. Las especies en este medio ascienden a cientos por hectárea y esta diversidad proporciona una variedad de vías alternas de energía, al mismo tiempo que la dispersión de las plantas de una misma especie sirve como defensa al desarrollo de plagas que afectan específicamente a cada una de ellas. Esto es sumamente importante, porque en los trópicos la variación de la temperatura es mínima a lo largo del año mientras la reproducción de plagas y otros organismos patógenos ofrece mejores condiciones que en zonas templadas, donde anualmente se presentan cambios más pronunciados. El equilibrio de este ecosistema no sólo se logra por la distribución adecuada de la capa vegetal y los animales que habitan su superficie: la capa subvegetal juega también un papel muy importante para la estabilidad del mismo, ya que el suelo es delgado. En este medio las relaciones entre diversas especies vegetales y animales presentan una alta interdependencia mutua y son requisito para su estabilidad. Las condiciones señaladas convierten a la selva tropical o subtropical lluviosa en un medio que fácilmente se altera si se pretende utilizar con la misma tecnología que se aplica en otros menos frágiles.
QUE ACCIONES LO HAN ALTERADO
El problema actual de uso adecuado de la frontera sur es muy reciente. Durante los seis siglos de florecimiento del período Clásico de la civilización maya (300 a 900 de nuestra Era), la selva tropical lluviosa sostuvo altas densidades de población. Los cambios geopolíticos en la sociedad prehispánica hicieron a los mayas abandonar el uso intensivo de la selva tropical entre 800 y 900 de nuestra Era. A partir de entonces, y hasta hace muy poco tiempo, el trópico humedo fronterizo fue escasamente aprovechado por los mayas e ignorado por los demás. La nueva sociedad que establecieron los europeos en México dejó a dicha zona al margen de los principales intercambios económicos y convirtió a la selva en refugio de pequeños grupos de mayas que evadían el control español, por lo que debían ser muy móviles y practicar una agricultura itinerante que les permitiera cambiar su localización con rapidez. Mientras, en las orilla de la selva, diversos grupos de europeos utilizaron los recursos forestales bajo la forma de la extracción de palo de tinte y maderas preciosas.
A fines del siglo XIX la explotación de estas ultimas inició su expansión hacia las tierras del interior, aunque tecnológicamente limitada al uso de áreas cercanas a los ríos, unicas vías de salida del producto hacia la costa, punto de partida para el comercio exterior. El chicle se agregó como nuevo producto que se obtenía del bosque; se acarreaba con bestias de carga y no requería de las corrientes fluviales para su transporte, lo que permitió que la selva se usara más ampliamente. No obstante, las alteraciones al medio que ocasionaron estos tipos de explotación no fueron definitivas.
A partir de 1950 el panorama cambió rápidamente. La tala del bosque se mecanizó e incluyó todo tipo de maderas, finas y corrientes. Gracias a la apertura de brechas para el paso de camiones, el desmonte se extendió por amplias áreas de la selva. Por otra parte, los propietarios colindantes con el bosque fueron desmontando y convirtiendo en praderas cada vez más áreas de lo que antes fue bosque tropical. Pero la acción que más afectó la selva fue la expansión de la llamada ìfrontera agrícolaî que se realizó como parte de la política agraria puesta en marcha a fines de los años cincuenta. Los planes agrarios nacionales consideraron a la selva como frontera agrícola disponible para reducir la presión de la población campesina sobre las tierras del resto del país, mientras los planes agrícolas, con un enorme desconocimiento del medio, la consideraron el futuro granero del país. Todas estas nuevas formas de uso del medio fueron fomentadas por agencias gubernamentales (algunas con apoyo de organismos internacionales y cada una de ellas produjo diversos efectos ecológicos. Desde mediados de este siglo, la gran explotación forestal mecanizada fue promovida por el gobierno federal y sus organismos financieros. Alentados por su éxito, empresarios privados y ejidatarios contribuyeron al corte masivo de madera. Aunque esta actividad desforestó grandes áreas, la veda forestal recientemente decretada podría permitir una regeneración a mediano plazo si la tala fuera el unico uso del suelo en la zona. Pero atrás de los monteros llegaron los ganaderos para aprovechar las áreas taladas y ampliar sus áreas de pastoreo; también los campesinos en busca de tierras de cultivo.
No obstante, fueron las acciones de colonización agraria las que provocaron el actual reto que enfrenta esta región al afectar seriamente el medio. Por una parte, al cambiar la composición del ecosistema; y por el otro con la introducción de un alto numero de inmigrantes. La colonización de la selva fronteriza se hizo de dos manera muy diferentes: la dirigida y la inducida. La primera se dirigió principalmente a Quintana Roo, Campeche y Tabasco. En estos casos, el manejo que se hizo del medio tuvo como premisa semejar las condiciones de la selva a las de las tierras templadas a través de la llamada "habilitación" de las áreas a colonizar. La llamada ìmodernización agrícolaî consistió en la aplicación de un paquete tecnológico que manejó el medio y los recursos naturales con los mismos parámetros que sirven de guía en regiones naturales muy diversas, como las tierras planas templadas.
De hecho, la llamada ìhabilitaciónî que realizaban grandes máquinas, como las motoconformadoras, intentaba eliminar la selva para asemejar el terreno a las condiciones de las tierras planas, destruyendo desde el principio lo que habría podido ser la riqueza de las tierras que se abrían al cultivo, es decir, la biodiversidad del medio. Al actuar sin tomar en cuenta las características específicas del ambiente y las formas productivas como la población local las aprovechaba, esta "habilitación" resultó sumamente costosa tanto en capital como en el deterioro del ecosistema y así, fue deficiente para los fines declarados: elevar la productividad de la zona y sostener, en un proyecto económicamente viable, a un alto porcentaje de la población campesina nacional.
Por otra parte, a través de la extensión agropecuaria y de los financiamientos oficiales a los productores, se fomentaron los usos unicos: ganadería extensiva, monocultivos y el uso de agroquímicos y fertilizantes . El manejo inadecuado también corrió por cuenta de gran parte de la población campesina que inmigró desde otro tipo de regiones y que aplicó las técnicas conocidas a este medio desconocido para ella.
La selva chiapaneca tuvo la ventaja de ser colonizada por campesinos que llegaban en pequeños grupos. Aunque posteriormente recibieron apoyos gubernamentales para desarrollar un sólo tipo de explotación (generalmente la ganadería) y usar insumos químicos, sus mismas necesidades de subsistencia los llevaron a diversificar la producción. El tipo de práctica agropecuaria que ha evolucionado aquí es un sistema mixto en que el agricultor combina la agricultura de subsistencia y el manejo de vegetación secundaria con la ganadería y el cultivo comercial, en un intento por reducir sus riesgos y mantener sus opciones. Gracias a esta forma de uso del medio, la perturbación de la selva alrededor de los poblados campesinos es menor que en los otros estados y muestra manchones en regeneración.
En la ultima década se ha reconocido los problemas que el modelo tecnológico inapropiado ocasiona a las áreas selváticas. Como alternativa, desde distintas instancias de gobierno se han propuesto algunas soluciones parciales, como el Plan Piloto Forestal de Quintana Roo, que privilegia sólo un tipo de explotación, sin concebir el uso multiple que permite y requiere el medio; otras, como la veda total en la selva chiapaneca, olvidan que el ecosistema fronterizo incluye a los seres humanos que ya viven ahí.
COMO DEBE TRABAJARSE
El modelo de agricultura adecuada para las áreas de selva tropical es el denominado horticultura de policultivo. Es una técnica que preserva el ecosistema y es muy flexible porque se adapta a los diversos requerimientos de la sociedad: incremento de la producción o cambios en los productos deseados, sea por aumento de la población o por necesidades derivadas del comercio, así como problemas de maleza, de plagas, de escasez de tierras y, en especial, de agotamiento del suelo.
La característica principal de la huerta de policultivo, la que le permite alcanzar alta productividad sin degradar al ambiente es que imita en forma simplificada, al bosque tropical o subtropical, sustituyendo las especies no económicas por otrasque sí lo son, pero conservando la variedad natural del ecosistema. La estructura de la selva lluviosa tropical es reproducida en este tipo de huertos, ya que las especies están todas mezclada vertical y horizontalmente. En el subsuelo se aprovechan hasta tres estratos distintos, sembrando tubérculos y raíces que maduran a distinta profundidad. Asímismo, las hojas de las distintas plantas cultivadas ocupan varios estratos: desde el ras del suelo, hasta varios metros por arriba de éste. Como Nigh y Nations dicen, este sistema agrícola cultiva en la selva, no la elimina para cultivar.
Los elementos permanentes de una huerta de policultivo son las raíces y los árboles. Las demás plantas cultivadas en esta asociación varían a lo largo del año o en distintos años, segun las preferencias alimenticias o los requerimientos de comercio de la población. La presencia de árboles de distintos estratos, y con diferentes ciclos, permite alimentar la humedad del suelo con la hojarasca y frutos caídos, ayudando a la actividad microbiana que facilita el reciclaje de los nutrientes del suelo que han absorbido las plantas. Igualmente protege a los suelos de los efectos del aire, lluvia o sol directos.
Los árboles juegan un papel tan importante en la conservación de la selva, que hay quien afirma que la cuidadosa silvicultura adaptada por los mayas a las variaciones naturales y a los distintos medios ambientes modificados de la selva mexicana (huertos, milpas, terrazas, etc.), modificó de tal manera la selva, que la encontrada por los grandes maderereros que iniciaron su tala a fines del siglo pasado, no fue la original, sino producto de la acción del hombre sobre ella. A su vez, la presencia de tubérculos o raíces, permite la preparación de la tierra, ya que al cosecharlos se trae a la superficie algunos de los suelos más profundos, acción que por sí sola remueve la tierra sin necesidad de utilizar herramientas.
En la medida en que se siembra una variedad de especies cultivadas (todas las cuales tienen diferentes hábitos de crecimiento, sistemas de raíces, sistemas de defensa contra los depredadores y demandas ecológicas), la huerta está protegida contra las plagas y el peligro de agotamiento del suelo. Su misma estructura biológica permite el reciclaje de nutrientes y evita así la necesidad de usar insumos externos para la conservación de la parcela.
Una parte de las plantas cultivadas es más resistentes a las sequías, mientras otra lo es a la superabundancia de lluvias. Algunos cultivos son víctimas de determinadas plagas o depredadores, a las que otros resisten más. Esta estrategia ìevita las plagas de insectos especializados en una planta concreta, permite sacar ventaja de cualquier variación en el habitat del huerto, protege la delgada capa vegetal del suelo y consigue un alto rendimiento de la fotosíntesis".
La tecnología base, la roza-tumba-quema, es utilizada también en medios forestales no tropicales, y aunque presenta muchas variantes, sus pasos claves son similares: 1. se abre un claro en el bosque, los árboles que se talaron por lo general son quemados, aunque a veces son retirados o se dejan pudrir. 2. se planta la huerta. 3. se recoge la cosecha, y después de pocos años, se abandona el campo para su regeneración secundaria, favoreciendo el retorno de vegetación original. Los brotes de árboles nuevos son respetados, e incluso protegidos, porque eliminan la proliferación de una etapa herbácea al abandonar el huerto y así garantizan la regeneración del bosque.
Además, los árboles jóvenes crían raíces que penetran más profundamente en el suelo, aprovechando los nutrientes que, de otra forma, se desperdiciarían. Mientras, las nuevas ramas y hojas dan protección adicional frente a las intensas lluvias del trópico e inmovilizan los nutrientes recobrados del suelo, que servirán para futuros huertos. Los agricultores protegen, así, las especies de la selva que ellos no utilizan directamente, pero que sirven para mantener su sistema de cultivo. El retorno del bosque permite que años después, se vuelva a sembrar otra huerta similar a la anterior.
La satanización de esta tecnología deriva de su desconocimiento. Uno de los mitos más frecuentes es el que supone que los cultivadores que la usan forzosamente son nómadas, porque una parcela ya utilizada sólo podría volverse a cultivar 20 o 30 años después, lo que implica la creciente devastación de la naturaleza. Esto sólo es verdad en parcelas de selva tropical que no son sometidas a una regeneración dirigida y favorecida por el hombre, pero no para la forma en que los agricultores tropicales han utilizado sus recursos. Por lo general, éstos prefieren reutilizar parcelas con vegetación secundaria ya que desmontarlas es mucho más fácil que abrir bosque primario. Sólo los jóvenes que inician su vida productiva abren parcelas de bosque primario, hasta que crean su propia reserva de tierras de vegetación secundaria.
Por otra parte, estas parcelas en descanso no son abandonadas: en ellas se siembran varios tipos de árboles y otras plantas y se protegen algunas de las silvestres. Como resultado, se reproducen muchas especies de plantas utiles que no hay en la selva, pues además de las que se protegen, otras, silvestres, sólo están adaptadas a este tipo de vegetación secundaria. Estas zonas de transición entre la selva y los campos agrícolas permiten su nuevo uso en cinco o seis años.
Otro gran mito es que el proceso de quema de maleza que se realiza en este sistema agrícola destruye los recursos naturales de la zona. Lo cierto es lo contrario: la quema parece ser una práctica sumamente adecuada por diversas razones. En primer lugar, los agricultores tienen sumo cuidado en que el fuego no se expanda fuera de las tierras. La protección se logra desmontando una guardarraya que separe el campo de cultivo del bosque que lo rodea y dejando árboles grandes por los bordes de lo que será el terreno de cultivo. Esta barrera de árboles sirve, además, como fuente de semillas que en el futuro facilitarán la regeneración del bosque en la parcela.
Como la capa de suelo fértil en los bosques tropicales es muy delgada y se degrada fácilmente, la quema de la maleza es una necesidad, ya que libera los nutrientes minerales de dicha vegetación, esenciales para el crecimiento de los cultivos. La quema disminuye la materia orgánica, pero aumenta los niveles de pH y de nutrientes generales del suelo, liberando los que se encuentran en la cubierta vegetal del suelo en forma de ceniza y nitrificación rápida. La quema sirve también para destruir las raíces y semillas de malezas indeseables y los insectos y sus huevecillos, así como para ablandar o mullir el suelo.
Un aspecto esencial del sistema es la cría de ciertos animales domesticados, o la protección de algunos silvestres, debido a que su aportación proteínica es fundamental en la dieta del grupo de agricultores. Además, a que proporcionan cierta ayuda a la agricultura: desentierran tubérculos no cosechados y eliminan de los huertos abandonados las plantas herbáceas que compiten con las semillas de los árboles, lo que permite acelerar el proceso de regeneración de la parcela. Los mayas prehispánicos fomentaban la cría de venados y otros animales silvestres comestibles; los lacandones contemporáneos favorecen la proliferación de venados, tepescuintles, jabalís y armadillos sembrando una parcela dedicada en exclusiva para que ellos se alimenten.
Gracias a las propiedades arriba señaladas, la huerta de policultivo resulta un sistema óptimo de uso de la selva, pues permite:
1) un uso prolongado del mismo terreno, al plantear menores demandas al suelo,
2) producir aun en terrenos relativamente poco fértiles,
3) incorporar a la agricultura terrenos vulnerables, tales como laderas de declive pronunciado o con suelos con drenaje pobre, sin necesidad de invertir trabajo en ingeniería agrícola,
4) un uso eficiente sin la necesidad de usar complicadas herramientas modernas, que destrozan el suelo y,
5) el control biológico de la fertilidad y las plagas, sin tener que aplicar fertilizantes y plaguicidas que lo contaminan.
Las características del sistema de policultivo implican una gran inversión de trabajo, impiden la mecanización y evitan la utilización indiscriminada e irracional de agroquímicos.
En diversas regiones de la selva chiapaneca existen organizaciones de productores que impulsan la creación de sistemas de policultivo evitando el uso de agroquímicos. La busqueda de alternativas económicas hizo conveniente la formación de organizaciones de alcance regional entre los productores, con el fin de ampliar sus posibilidades de negociar los créditos y las condiciones para la comercialización de sus productos, en especial el café. Este tipo de organizaciones, surgidas de la base, encontraron apoyos eventuales provenientes del gobierno, pero la mayor parte de las veces sus demandas fueron desestimadas.
A fines de la década anterior se cambió la forma de ejercer el gasto social, a través de un programa centralizado y selectivo que no sólo concentró los recursos que antes usaban diversos organismos gubernamentales, sino que también se aplicó discrecionalmente favoreciendo a unas organizaciones e ignorando a otras. Por otra parte, en 1989 se redujo más de la mitad el ingreso de los campesinos por su cultivo comercial preferente, el café; al año siguiente se decretó la restricción de los usos de la selva, afectando fuertemente la diversidad de utilización que caracteriza al modelo campesino de la región. Al sumarse a lo anterior el manejo discrecional de los créditos y los servicios, la población respondió con uno de sus principales recursos: la capacidad de organización.
El grupo zapatista se convirtió en una opción para quienes, a través de su participación en organizaciones independientes buscaban respuesta a sus requerimientos y no la habían encontrado en las autoridades. La decisión de unirse al grupo armado dividió comunidades y familias. La organización social en la selva chiapaneca ha sido afectada en sus raíces y las recientes acciones del gobierno federal han incrementado la división. Esto puede afectar el necesario consenso para el uso adecuado de los recursos de la selva.
El futuro de la frontera sur requiere contemplar diversas alternativas económicas en las que la preocupación central sea la población. La eficiencia agrícola en esta región significa exactamente lo contrario que en las tierras planas templadas. Pero para lograr tal eficiencia se requieren acciones concertadas en varios niveles: el de la población local, el de los técnicos e instituciones que apoyan a los campesinos, el de la difusión de las alternativas productivas para la región y el del apoyo a los productores que están probándolas. Es decir, el problema no es simplemente de ecología, abarca lo económico, lo social, lo cultural e incluso lo político.
La cultura agrícola de la población que usa el medio y la de los encargados de la extensión debe adecuarse a los requerimientos específicos de este ecosistema, y ello requiere una decidida política de educación y difusión en los medios masivos de comunicación. Pero, sobre todo, una política específica de desarrollo de la frontera sur que entienda las posibilidades y limitaciones de esta región.
Se requiere de un nuevo marco cultural en el que predomine el respeto a la pluralidad de respuestas locales que diversas asociaciones de productores están experimentando desde hace años. Lo anterior exige un cambio en las formas de relación política, abandonando el centralismo y la verticalidad en la toma de decisiones. Sólo así se logrará que el trópico fronterizo sea un medio generoso tanto para la población local como para el resto del país.
BIBLIOGRAFIA MINIMA
Dahlin, B. H., ìLa Geografía Histórica de la Antigua Agricultura Mayaî, pp. 125-196 en Teresa Rojas Rabiela y William T. Sanders (Eds.), Historia de la Agricultura. poca Prehispánica-Siglo XVI, Vol. I, Instituto Nacional de Antropología e Historia,ÝMéxico, 1985.
De Vos, Jan, Oro Verde. La Conquista de la Selva Lacandona por los Madereros Tabasqueños. 1822-1949, Fondo de Cultura Económica-Gobierno del Estado de Tabasco, México, 1988
De Vos, Jan, La Paz de Dios y del Rey. La Conquista de la Selva Lacandona (1525-1821), 2a. edición, Fondo de Cultura Económica-Secretaría de Educación y Cultura de Chiapas, México, 1988
Gerhard, Peter, La Frontera Sureste de la Nueva España, Instituto de Investigaciones Históricas e Instituto de Geografía, Universidad Nacional Autónoma de México, México, 1991
Gómez-Pompa, Antonio, ìLearning from Traditional Ecological KnowledgeÝ: Insights from Mayan Silvicultureî, pp. 335-341 en A. Gómez-Pompa, T.C. Whitmore y M. Hadley (Editors) Rain Forest Regeneration and Management. Man and the Biosphere Series, Vol. 6, UNESCO, Paris- The Parthenon Publishing Group, Londres
Nigh, Ronald B. y James D. Nations, ìLa Agrisilvicultura Tropical de los Lacandones de Chiapasî, pp. 341-371 en Civilización, Num. 1, México, 1983
Nigh, Ronald B. ìCambio Forestal en la Sierra Norte de Chiapas: Implicaciones para una Ecología de la Regeneraciónî, Apéndice 1 en Iván Restrepo y David Barkin (Coords.), Procesos de Colonización en el Trópico Mexicano, mecanoescrito, 1993
Rappaport, Roy A. ìEl Flujo de Energía en una Sociedad Agrícolaî, pp. 146-173 en Scientific American (Ed.) La Energía, Alianza Editorial, Madrid
Rojas Rabiela, Teresa, ìLa Tecnología Agrícola Mesoamericana en el Siglo XVIî, pp. 121-231 en Teresa Rojas Rabiela y William T. Sanders (Eds.), Historia de la Agricultura. poca Prehispánica-Siglo XVI, Vol. I, Instituto Nacional de Antropología e Historia,ÝMéxico, 1985.
ECOSISTEMAS NATURALES EN LA FRONTERA SUR:
1. Planicie Costera Chiapaneca:
manglares, selva baja perennifolia y selva alta perennifolia con vegetación secundaria.
En los municipios de Suchiate, Frontera Hidalgo, sur y centro del de Tapachula, Metapa, Tuxtla Chico, sur y centro de Unión Juárez y Cacahoatán.
2. Sierra Madre del Sur:
bosque alto de montaña, bosque mesófilo de montaña, vegetación secundaria herbácea, bosque de pino y de encino-pino, selva de monte alto (de neblina).
En los municipios: Motozintla, Mazapa de Madero, Amatenango de la Frontera y Frontera Comalapa, más noreste y norte de Tapachula, norte de Cacahoatán y de Unión Juárez.
3. Cuenca del río San Gregorio:
vegetación de sabana, selva mediana perennifolia y selbva baja perennifolia.
En los municipios: noreste de Frontera Comalapa y sur de La Trinitaria.
4. Selva en monte alto:
bosque tropical de coníferas de sotomonte, bosque mesófilo de montaña, selva baja caducifolia.
En los municipios La Independencia y norte de La Trinitaria.
5. Bosque tropical lluvioso:
bosque mesófilo de montaña, selva alta perennifolia, selva baja perennifolia y tulares en las orillas de los ríos.
En los municipios La Independencia, Las Margaritas, Ocosingo y sur de Carmen y Champotón y Othón P. Blanco.
6. Selva humeda pantanosa:
selva alta, mediana y baja subperennifolia, selva mediana subcaducifolia, sabana, manglar y dunas costeras.
En los municipios Balancán, Tenosique, norte de Carmen y Champotón y norte y este de Othón P. Blanco.
LOS MUNICIPIOS DE LA FRONTERA SUR:
Suchiate, Chiapas
Frontera Hidalgo, Chiapas
Metapa de Domínguez, Chiapas
Tuxtla Chico, Chiapas
Unión Juárez, Chiapas
Cacahoatán, Chiapas
Tapachula, Chiapas
Motozintla, Chiapas
Mazapa de Madero, Chiapas
Amatenango de la Frontera, Chiapas
Frontera Comalapa, Chiapas
La Trinitaria, Chiapas
La Independencia, Chiapas
Las Margaritas, Chiapas
Ocosingo, Chiapas
Tenosique, Tabasco
Balancán, Tabasco
Carmen, Campeche
Champotón, Campeche
Othón P. Blanco, Quintana Roo
LA POBLACION TOTAL DE LA FRONTERA SUR EN 1995: 1.530,490
La autora es Profesora-Investigadora en el Centro de Investigaciones
y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) en la ciudad
de México.
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